MiercolesCeniza

En el Colegio San José comenzamos la temporada cuaresmal con la tradicional celebración del Miércoles de Ceniza. Regresamos a las instalaciones del Colegio luego de que los Carnavales hicieran de las suyas y nos mantuvieran durante varios días en festejos y desfiles culturales. Fue una “semana santa pequeña” como admitía un estudiante de Primaria, manifestando que gracias a los días festivos que daban los Carnavales, había podido partir con su familia al Rodadero lejos de la bulliciosa y candente Barranquilla.

Así pues, unos estudiantes con la trasnochada adrenalina de los días pasados y otros con las mejillas enrojecidas que delataban días de playa, llegaron a nuestra Capilla Nuestra Señora del Camino para imponerse la Ceniza en una Eucaristía que presidió el P. Gabriel Jaime Pérez. Fue una celebración austera, como austero es el tiempo que comenzamos, vivida con profundidad en una vida que tiene momentos de desierto así como los tiene de algarabía y festejo. Quizá la vida es, como narran sin palabras las comparsas cumbiamberas, una mezcla de alegría y nostalgia, tiempo de fiesta con tiempo ordinario, euforia con momentos de tranquilidad. La vida es esa danza donde necesitamos tanto de momentos en que, como en Carnavales, nos salimos de los límites que plantea la vida de cada día para enfrentarnos ante lo novedoso, pero también es necesario llegar al lugar donde nos reconectamos, donde volvemos a ganar envión para seguir adelante. Sí, la vida es una danza como las que bailan las comparsas cumbiamberas, y el Miércoles de Ceniza fue para nosotros ocasión de volver al nido, allí donde nos habla Dios y donde encontramos lo que nos sobra.

Con ese mismo espíritu los niños de Primaria también tuvieron su celebración de la Ceniza, todos reconociendo que ponerse la cruz era signo de estar más cerca de Jesús, de decirle sí y de prometerle ser más aplicados y obedientes. En Preescolar también el tiempo de Cuaresma se hizo sentir con la promesa de no ser como aquel monigote hosco y repelente, sino estar abierto para compartir y ser solidarios con los demás. Los niños se tocaban su frente para echar atrás el cabello que les impedía ponerse adecuadamente la cruz, como signo que para estar en clave de Cuaresma hay que “echar para atrás” las prevenciones que nos atan y el miedo que nos hace infelices. Quiera Dios que, como las comparsas cumbiamberas, podamos ahora bailar al son de su invitación a la misericordia y a la conversión, sabiendo que como las morenas de nuestra tierra también danzamos con la luz en nuestras manos y que por su gracia habrá de alumbrar en las noches más oscuras.

Por: P. José Ragafel Garrido S.J., Director de Pastoral 

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