EL MENSAJE DEL DOMINGO

Domingo IV de Pascua – Ciclo A

Por: Gabriel Jaime Pérez, S.J.

mayo 11En aquel tiempo, dijo Jesús: -«Les aseguro que el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que salta por otra parte, es un ladrón y un bandido; pero el que entra por la puerta es el pastor de las ovejas. A éste le abre el guarda, y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas, las saca del redil, y cuando ha sacado todas las suyas, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.»

Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús: -«Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí fueron ladrones y bandidos, por eso las ovejas no les hicieron caso. Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y, salir, Y encontrará pastos. El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago; yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia.» (Juan 10, 1-10).

1. La imagen del pastor en el Antiguo y en el Nuevo Testamento

La imagen del pastor que cuida y conduce a las ovejas es constante en el Antiguo Testamento. El libro del Génesis describe los orígenes de Israel a partir de los patriarcas Abraham, Isaac, Jacob y sus doce hijos -de los cuales provenían las doce tribus israelitas-, quienes trashumaban en busca de agua y pastos para sus rebaños de ovejas y cabras. Varios siglos después hacia el XII a.C., encontramos en el libro del Éxodo a Moisés, quien junto al monte Sinaí aprende el oficio de pastor y es escogido por Dios como instrumento para liberar al pueblo de la esclavitud y conducirlo a través del desierto hacia la tierra prometida. Y dos siglos más tarde -hacia el siglo X a.C.-, tal como nos lo cuenta el primer libro de Samuel, Dios mismo escoge a David, un joven pastor que cuidaba el rebaño de su padre Jesé, para ser consagrado rey de Israel a quien se atribuye, entre otros el Salmo 23 (22): El Señor es mi pastor, nada me falta…

También la imagen del pastor es empleada por los profetas. En el capítulo 34 de Ezequiel (siglo VI a.C.), Dios reprueba a los jefes del pueblo por haberse aprovechado de las ovejas para sus propios intereses egoístas y anuncia la promesa de un Mesías descendiente de David que será su verdadero pastor. Finalmente, en los comienzos de la era cristiana, los Evangelios anteriores al de Juan nos presentan la parábola contada por Jesús acerca del pastor que va en busca de la oveja perdida, la encuentra y la carga sobre sus hombros (Mateo 18,12-14; Lucas 15,3-7), mostrando así la misericordia infinita de Dios. Esta imagen del pastor misericordioso, pintada en las catacumbas de Roma, es la más antigua representación figurativa del cristianismo. Y en todo el capítulo 10 del Evangelio según san Juan, al que pertenece el texto de este domingo, Jesús se presenta como el Buen Pastor

2. “Camina delante de las ovejas y ellas lo siguen, porque conocen su voz”

Una de las características de los pastores en el cercano oriente es que suelen ir delante del rebaño, lo cual los diferencia de los arrieros que golpean y empujan desde atrás. Por eso Jesús, al manifestarse como la presencia personal y salvadora de Dios entre nosotros, se aplica con toda razón la imagen del pastor para invitarnos a seguirlo confiando en su misericordia.

Esta metáfora juega con otro de los símbolos que emplea Jesús para explicar su misión: “Les aseguro que el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que salta por otra parte, es un ladrón y un bandido; pero el que entra por la puerta es el pastor de las ovejas (…) Yo soy la puerta de las ovejas”. Esta otra imagen podemos aplicarla a la labor pastoral que iba a continuar la Iglesia después de la muerte y resurrección de Jesús: esta labor, para ser auténtica, tiene que pasar por Él, que es la puerta.

Por otra parte, existe el peligro de malentender la imagen del pastor y el rebaño cuando se hace de la Iglesia una organización autoritaria en la cual unos jefes gobiernan desde arriba a unos borregos pasivos que se comportan gregariamente, sin libertad ni iniciativa propia. Por el contrario, la Iglesia surgida de la vida y las enseñanzas de Jesucristo tiene que ser una comunidad en la que todos sus integrantes sean reconocidos como el pueblo de Dios, y en la que sus pastores vivan y actúen como verdaderos servidores, a imagen del propio Jesús.

3. “Yo he venido para que tengan vida, y la tengan abundante”

Esta misión de Jesús como buen pastor corresponde a su vez a lo que dice la 1ª Carta de Pedro, en la segunda lectura de este domingo, a quienes se habían convertido a la fe en Jesucristo: Ustedes andaban como ovejas descarriadas, pero ahora han vuelto al pastor y guardián de sus vidas (1 Pedro 2, 25). El propio Pedro, que en su discurso después de haber recibido energía del Espíritu Santo el día de Pentecostés, tal como aparece en la primera lectura, anunció a Jesús resucitado como Señor y Mesías, había recibido de éste la misión de representarlo en la tierra como supremo pastor de su Iglesia, según nos lo cuenta en otro pasaje el Evangelio según san Juan: apacienta mis corderos (…), apacienta mis ovejas (Juan 21, 15-17).

Este IV Domingo de Pascua o “Domingo del Buen Pastor” lo dedica la Iglesia Católica a celebrar la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. Al celebrarse en esta fecha la 51ª edición de dicha Jornada, el Papa Francisco nos dice: “Jesús vive y camina en nuestras realidades de la vida ordinaria para acercarse a todos, comenzando por los últimos, y curarnos de nuestros males y enfermedades. Me dirijo ahora a aquellos que están bien dispuestos a ponerse a la escucha de la voz de Cristo que resuena en la Iglesia, para comprender cuál es la propia vocación. Os invito a escuchar y seguir a Jesús, a dejaros transformar interiormente por sus palabras que «son espíritu y vida» (Juan6,63)”.

Pidámosle al Señor de manera especial por el aumento y la calidad de las vocaciones sacerdotales, pero también de las religiosas y laicales, para que el Señor suscite en muchas personas la disposición necesaria para escuchar y comprender su llamado a entregar generosamente sus vidas al servicio de la misión pastoral de la Iglesia, colaborando activamente con el Buen Pastor en su misión de dar vida espiritual en abundancia.-

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