El P. Francisco de Roux, Provincial de la Compañía de Jesús en Colombia, Gustavo Wilches Chaux y Todd Howland intermedian entre los indígenas y el Gobierno

Francisco De Roux, Gustavo Wilches Chaux y Todd Howland tienen el propósito de tender puentes entre los indígenas y el Gobierno para acercarlos y lograr salidas pacíficas a un conflicto en el que persisten la desconfianza y las diferencias de criterio.

El pulso entre los indígenas del Cauca y el Gobierno del Presidente Juan Manuel Santos está en plena tensión, las distancias son grandes y las desconfianzas mutuas han crecido. Unos y otros esgrimen razones para desconfiar. Frente a este tipo de situaciones es útil contar con personas con plena credibilidad de unos y otros que contribuyan a superar las diferencias.

Por ello, en las últimas semanas, tres personas ayudan de manera muy activa a tender puentes y promover un dialogo entre indígenas y el Gobierno nacional; cuentan con el respeto y aprecio de las partes, conocen el conflicto y su complejidad, tienen amplia experiencia en gestión de conflictos y conocen éste y muchos otros conflictos en el mundo. Son voces y espíritus sosegados, y con los pies en la tierra.

Se trata de Francisco De Roux, el provincial Jesuita; Gustavo Wilches Chaux, un caucano experto en complejidades y desastres – de lo que hay y harto en este asunto-; y Todd Howland, el director de la Oficina de derechos humanos de Naciones Unidas en Colombia. Ellos se han convertido en las personas más consultadas por indígenas y Gobierno para destrabar distancias y desconfianzas.

Francisco de Roux, con su conocimiento de los vericuetos de este país, sabe que el camino en este tipo de situaciones es dialogar y dialogar, y volver a dialogar, con todos los actores, para tratar de encontrar un camino compartido para salir del conflicto, teniendo como horizonte el respeto irrestricto de la dignidad humana y propendiendo por la construcción de un orden social donde sea posible la vida para todos. Es una persona apreciada en muchos ámbitos. Su serenidad y rectitud lo hacen digno merecedor de la confianza de unos y de otros.

Gustavo Wilches ha trabajado con los indígenas durante toda su vida, los conoce y lo conocen, por eso sabe de la importancia del Gobierno indígena, de su autonomía y la defensa del territorio. Con la claridad que lo caracteriza, recientemente escribió un texto en el que señala el asunto central de la defensa del territorio, el corazón de este conflicto, y que debe sintonizar tanto al Gobierno indígena como al Gobierno nacional: “Así como las organizaciones indígenas deben hacerse responsables de expulsar de sus territorios a los grupos armados ilegales y a las redes del narcotráfico, el Gobierno debe garantizar que esos territorios no sean amenazados por megaproyectos mineros, ni energéticos, ni de ninguna otra índole”.

Francisco De Roux, Gustavo Wilches Chaux y Todd Howland tienen el propósito de tender puentes entre los indígenas y el Gobierno para acercarlos y lograr salidas pacíficas a un conflicto en el que persisten la desconfianza y las diferencias de criterio. Luis Celis ofrece un análisis sobre la importancia de este tipo de mediaciones.

Todd Howland habla claro y directo, eso le ha hecho merecedor del respeto de los indígenas, lo dijo sin ambigüedades, al reivindicar las exigencias indígenas a todos los actores del conflicto y su búsqueda de una vida sin el yugo de la violencia: “la mayoría de colombianos pueden vivir en paz y pueden enviar a sus hijos al colegio, visitar una clínica o un médico, salir a trabajar sin sentir temor de perder sus vidas. Y todos los indígenas quieren lo mismo, quieren la paz y los beneficios que vivir en paz brinda”.

La tarea que tienen Francisco De Roux, Gustavo Wilches Chaux y Todd Howland no es nada fácil. Se trata de tender puentes entre dos partes que por ahora no sólo desconfían la una de la otra, sino que tienen diferencias fundamentadas en el pasado.

Los indígenas han firmado muchos pactos con distintos gobiernos y el cumplimiento no ha sido satisfactorio; la violencia en sus territorios se ha intensificado en los últimos cinco años; y algunas de las iniciativas de movilización fueron respondidas durante el gobierno de Álvaro Uribe con bolillo y lacrimógenos.

El antecedente más reciente de confrontación entre indígenas y Fuerza Pública se refiere al desalojo de tropas del Ejército del cerro Berlín. Las imágenes le dieron la vuelta al mundo y colocó este conflicto en primer plano nacional e internacionalmente.

Y por el lado del Gobierno nacional, las preocupaciones no son menores: el Cauca es el principal teatro de operaciones de las FARC; mantienen la iniciativa para sabotear la infraestructura energética y vial, y hostigar a la Fuerza Publica.
Pero más allá de las coyunturas, hay temas sensibles y de fondo: la propiedad de la tierra, diferencias inter-étnicas, desconfianza hacia el Estado, narcotráfico, minería en expansión, perturbación y criminalidad de las FARC y neo-paramilitares contra las comunidades indígenas y confrontaciones militares en medio de las comunidades. Los retos para superar el conflicto no son menores. Con problemas tan agudos, que se han escalado, y con tantas heridas abiertas, no es fácil su tratamiento con miras a lograr su superación. Las soluciones no están a la vuelta de la esquina y para alcanzarlas se tendrán que superar muchos obstáculos.

El propósito, en últimas, es construir un acuerdo a través de diálogos y concertaciones entre indígenas y Gobierno nacional, con la concurrencia de autoridades locales y departamentales y otros actores ciudadanos, que pueda definir nuevos derroteros de acción, para lograr parar la violencia y emprender el tema de fondo: cómo se gestiona el territorio y la vida comunitaria, en medio de tantos intereses y actores.

Ahora que el presidente Santos retoma el diálogo con el movimiento indígena es bueno saber que Francisco De Roux, Gustavo Wilches y Todd Howland están allí para aportar su serenidad y capacidad de trabajo, y de buenos componedores, en un conflicto donde en buena medida se están jugando las posibilidades de salir de una guerra, ya demasiado larga, costosa y en la cual los beneficiados han sido minorías violentas.

Texto: Luis E. Celis

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