“Ya llegó la fecha dulce y bendecida”, cantaban los niños de Cuarto Grado del Colegio San José mientras entraban a la Capilla para celebrar su Primera Comunión. Ya desde hacia varios meses venían preparándose en su catequesis, y, finalmente esa mañana que esperaban con ansias estaba ante sus ojos. Sus padres viéndolos entrar con emoción, recordaban aquel día en que los habían llevado ante Dios el día de su Bautismo, el día en que recibieron la Vida que Dios quiso regalarles. Con el canto entonado por el coro de los niños de Primaria inició la celebración en una Capilla que las profesoras habían hermosamente decorado, presidida por el P. Gabriel Jaime Pérez S.J., Rector del Colegio.

En medio de los cantos y plegarias, los cuarenta y seis niños y niñas se esmeraban por contestar con cuidado y empeño las oraciones, y sus voces resonaban mucho más alto que las de los numerosos adultos que los acompañaban. Las palabras del P. Rector, dirigidas en especial para los niños, resaltaban la presencia de Dios en sus vidas. Tomando sus palabras, el resto de la asamblea pidió para que esa misma presencia de Dios, manifestada en los Ángeles Custodios, acompañe siempre la vida de los niños y siga haciendo de ellos una gran bendición para sus familias.

La emoción del Rito de la Paz que dio lugar a los abrazos de los padres con sus niños, expresaba la ansiedad de la Comunión, el instante más esperado por ellos. Con cuidado reverente se fueron acercando uno por uno y luego de posarse en el reclinatorio escucharon su primer: “Recibe el Cuerpo de Cristo”. Fue emocionante observar cómo volvían a su puesto para sentarse y cerrar sus ojos, y ahí en la mayor de sus intimidades poder hablar con Él como a un amigo, sintiendo la cercanía más plena de Aquel que ha querido brindarles su amistad para siempre. 

La Primera Comunión de los niños del Colegio San José ha sido toda una experiencia de fiesta y renovación espiritual para nosotros como familia educativa. A medida que cada uno de nuestros niños y niñas iba acercándose a recibir a Jesús en la Eucaristía, nuestra Mesa se iba ensanchando cada vez más para darles lugar en el banquete del Señor. Que esta conciencia nos siga acompañando para que Dios sea el fin y el horizonte de todas nuestras vidas.

Escrito por: P. José Rafael Garrido S.J.

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