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La Regionalización en el Caribe.

“Siguiendo la llamada del Espíritu”.

Por: P. Jose Rafael Garrido, S.J. Director de Pastoral

El sábado 22 de agosto nos reunimos los jesuitas junto con nuestros colaboradores de la región Caribe en Cartagena, con motivo de una de nuestras asambleas regionales. Nos acompañó el P. Provincial, P. Carlos Eduardo Correa, el asistente de apostolados: P. Luis Javier Sarralde, así como el P. José Roberto Arango, director del Cire. La presencia asimismo del P. Jitendra Dmonte, jesuita de la Provincia de Gujarat, India, le dio un toque internacional a nuestra reunión en la que estábamos representantes de todas las obras: el Colegio San José como obra plataforma, nuestro Santuario de San Pedro Claver, Parroquia Santa Rita, Fe y Alegría con sus dos regionales de Barranquilla y Cartagena, el Centro de Cultura Afrocaribe y el Círculo de Obreros San Pedro Claver. Todos queriendo encontrar la llamada del Espíritu en una tierra que ha sabido abrigar con su calor a hermanos tan queridos como Pedro Claver Corberó y Alfredo Vargas Cornejo.

Precisamente la oración que dio inicio a nuestra reunión nos ayudó a rezar la vida del “Mono Vargas”, como cariñosamente lo llamábamos, con su sonrisa de siempre, tan radiante como el sol del Caribe y tan alegre como la sonrisa de Dios. Celebrábamos al hombre que se hizo todo a todos y que se insertó en la vida cotidiana de tantos cartageneros que todavía lo recuerdan, tal como “Pachito Aldana”, en el salón parroquial que nos acogió y que lleva su nombre. Estos ejemplos de los hermanos nuestros que dieron su vocación con tesón entre los que podemos contar a otros como Humberto Mejía, Luis Espinal, Ramón Sagastume, por decir a algunos que “vivieron para amar y servir en Barranquilla” como reza su lápida en el Templo San José, nos motivan a nosotros los jesuitas y laicos del presentes a hacer lo mismo, a buscar juntos “qué podemos hacer nosotros por la Región” como nos invitaba el P. Gabriel Pérez, en su alocución final.

Justamente el P. Carlos Correa en la invitación nos decía al inicio, subrayaba el hecho de que la Regionalización no obedece a una iniciativa de unos pocos, ni siquiera a un afán estratégico de un mayor impacto en nuestras obras. La regionalización obedece al Espíritu de Dios, nos unimos porque estamos convencidos que eso es lo que Él quiere de nosotros, y por eso tenemos que buscar, que discernir sus latidos en la vida de nuestro pueblo Caribe para escucharlo y acogerlo tal como lo hizo el Mono Vargas, Pedro Claver y tantos otros. Nuestro ideal puede resumirse en la aclamación de la Plegaria Eucarística para Niños: “Que todos seamos un solo cuerpo y un solo Espíritu para gloria tuya”. La reunión en la que no faltaron las gaitas de Barú y la efusiva lluvia cartagenera que sin avisar refrescó el calor burbujeante de la mañana, terminó con un rato ameno de risas, uno que otro chiste y el abrazo del compartir de un Dios que quiere personas que por su alegría contagien a otros de su fervor, como nos dice el Papa Francisco a la Vida Consagrada.

Nos confiamos a Dios que va a haciendo su obra que trasciende nuestras asambleas y comisiones coordinadoras y que se percibe en los más pequeños. Para más ilustración va esta anécdota. Hace algunos días visitaron el Colegio San José los niños de Tercero del Colegio de Rebolo de Fe y Alegría para tener su experiencia de Encuentro con Cristo. Para ellos era un verdadero paseo pues era sacarlos de su barrio en donde se viven situaciones de marginación e inseguridad a un lugar que los impresionó desde que llegaron. “Nos han traído a la playa”- se decían – para luego acudir al salón con las indicaciones de Magaly Vargas, querida por tantos de los nuestros. Cuentan que ese día un niño del San José de la misma edad, entró al baño rápidamente y dejó caer seis mil pesos. Detrás suyo, otro niño de Fe y Alegría, vio lo sucedido y corriendo trató de alcanzar al niño del San José que se movía impetuosamente hacia su curso. Finalmente logró alcanzarlo y le dijo: “Oye papá, dejaste caer tu plata, mira: yo la encontré y te la entrego”. El niño del San José de la misma edad se sintió conmovido, no se esperaba ese gesto, y más de un niño de su misma edad, de un colegio tan distinto. Agradecido tomó algo del dinero reintegrado y se lo regaló con un abrazo. “Tienes un colegio muy bonito, le diré a mi papá que me ponga aquí”, le dijo su nuevo amigo, y se despidieron. Quién sabe si vuelvan a verse. Pero lo que sí es cierto es que Dios teje sus redes entre nosotros sin que nos demos cuenta. “Que seamos un solo cuerpo y un solo espíritu para gloria suya”.