Domingo VII de Pascua -La Ascensión del Señor – Ciclo C

Por: Gabriel Jaime Pérez, S.J.                   

MAYO 12En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: “Está escrito que el Mesías tenía que morir, y resucitar al tercer día, y que en su nombre se anunciará a todas las naciones que se vuelvan a Dios, para que él les perdone sus pecados. Comenzando desde Jerusalén, ustedes deben dar testimonio de estas cosas. Y yo enviaré sobre ustedes lo que mi Padre prometió. Pero ustedes quédense aquí, en la ciudad de Jerusalén, hasta que reciban el poder que viene del cielo. Luego Jesús los llevó fuera de la ciudad, hasta Betania, y alzando las manos los bendijo. Y mientras los bendecía, se apartó de ellos y fue llevado al cielo. Ellos, después de adorarlo, volvieron a Jerusalén muy contentos. Y estaban siempre en el templo, alabando a Dios (Lucas 24, 46-53).

 1. La Ascensión del Señor

En la fiesta de la Ascensión del Señor, que en Colombia se celebra el domingo  siguiente al cumplimiento de los 40 días de haberse conmemorado su Resurrección, las lecturas bíblicas [Hechos 1, 1-11; Salmo 47 (46); Efesios 1, 17-23; Lucas 24, 46-53] nos invitan a reflexionar sobre lo que decimos en el Credo: que Jesucristo resucitado “subió al cielo y está sentado a la derecha de Dios Padre”.

No se trata del vuelo por los aires de un superhéroe como los de las historietas, sino de un misterio que consiste en la exaltación o glorificación de Jesús, quien como nos dice la segunda lectura, fue resucitado por Dios Padre de entre los muertos para hacerlo en su naturaleza humana plenamente partícipe de la gloria divina, “sentándolo a su derecha en el cielo”, frase que corresponde a una imagen simbólica tomada de la costumbre que en aquella época tenían los reyes de hacer subir y situar junto a su trono, a su derecha, a quienes se habían distinguido por el cumplimiento cabal de la misión que les había sido encomendada.

La frase inmediatamente anterior del Credo en su versión más antigua -que es la más breve-, dice que Jesús descendió a los infiernos. La palabra “infiernos” traduce aquí literalmente los lugares inferiores y corresponde al término hebreo sheol y al griego hades, que expresa simbólicamente lo que podemos llamar el lugar de los muertos. Lo que el Credo afirma es que Jesús, después de haber “bajado” en su naturaleza humana hasta la condición de los muertos, ha “subido”, también en su naturaleza humana, al estado glorioso de una vida eternamente feliz. Este hecho, que los Evangelios narran con la imagen simbólica de una subida física, es en realidad un acontecimiento de orden espiritual. 

Del relato de los Hechos de los Apóstoles en la primera lectura, podemos destacar aquella frase que oyen al final los discípulos de Jesús: ¿Qué hacen ustedes ahí plantados mirando al cielo? Se trata de una invitación hecha también a nosotros para que, con los pies bien puestos en la tierra, nos dispongamos a colaborar activamente en la misión que Jesucristo resucitado nos encomienda, tal como lo hizo con sus primeros discípulos. Para ello necesitamos el poder de Dios que nos comunica el Espíritu Santo, que es precisamente a lo que se refiere Jesús en el Evangelio cuando les dice a sus apóstoles: “Y yo enviaré sobre ustedes lo que mi Padre prometió (…); ustedes quédense aquí (…) hasta que reciban el poder que viene del cielo”.

Al celebrar el misterio de la Ascensión del Señor, animados por la fe en Jesucristo resucitado cuya naturaleza humana participa ya de la gloria de Dios Padre en la eternidad, renovemos  nuestra esperanza en que, si procuramos seguir las enseñanzas de Jesús y nos identificamos así con Él, también nosotros poseeremos el mismo estado de vida nueva y felicidad plena sin fin que expresamos cuando nos referimos al “cielo”. 

2. Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales

Este domingo celebra también la Iglesia Católica la cuadragésima séptima Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Hace 47 años, siguiendo una directriz del Concilio Vaticano II, comenzó a celebrarse anualmente esta Jornada, con motivo de la cual el Papa emite un mensaje anual sobre algún tema específico relacionado con los medios de comunicación social. El tema para la Jornada de este año 2013 (ver el documento completo en www.google.com -Mensaje de la Jornada Mundial de las Comunicaciones 2013-), escogido por el papa emérito Benedicto XVI cuando todavía ejercía su ministerio como sumo pontífice de la Iglesia Católica, es “el desarrollo de las redes sociales digitales, que están contribuyendo a que surja una nueva ‘ágora’, una plaza pública y abierta en la que las personas comparten ideas, informaciones, opiniones, y donde, además, nacen nuevas relaciones y formas de comunidad”. ´

Al respecto dice el mensaje pontificio: “Estos espacios, cuando se valorizan bien y de manera equilibrada, favorecen formas de diálogo y de debate que, llevadas a cabo con respeto, salvaguarda de la intimidad, responsabilidad e interés por la verdad, pueden reforzar los lazos de unidad entre las personas y promover eficazmente la armonía de la familia humana”. Y termina diciendo: “Rezo para que el Espíritu de Dios os acompañe y os ilumine siempre, y al mismo tiempo os bendigo de corazón para que podáis ser verdaderamente mensajeros y testigos del Evangelio. «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación» (Mc 16,15)”.

Es muy significativo en este sentido que la Santa Sede haya creado una cuenta de Twitter a finales del año pasado (la inauguró Benedicto XVI), con el fin de llegar a todos los rincones del mundo. Actualmente está disponible en 9 idiomas. Y en lo que respecta al actual Papa Francisco, su manera de actuar y de comunicar encaja perfectamente con esta era digital. El Santo Padre por ejemplo, ya cuenta con más de 5 millones de seguidores en Twitter, superando a Benedicto XVI que llegó a los 2,5 millones de usuarios hasta el día que hizo efectiva su renuncia al pontificado.

3. Semana de oración por la unidad de los cristianos

Este domingo comienza la semana de oración por la unidad de los cristianos que culminará el domingo de Pentecostés, la gran fiesta de la comunicación lograda por el Espíritu Santo que, gracias al lenguaje del amor, hace posible el entendimiento entre todos los seres humanos respetando su pluralidad y sus diferencias. 

Oremos por la unidad de todas las personas creyentes en Jesucristo. Unidad que no equivale a la uniformidad externa, sino a una disposición interior para formar una comunidad global de amor en la que todos y todas no reconozcamos efectivamente como hijos e hijas de un mismo Creador, y por lo mismo nos tratemos como hermanos y hermanas, deponiendo los enfrentamientos  y uniéndonos en la búsqueda de una convivencia constructiva.-

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