Por: María Mercedes Barney, estudiante de 11° Grado

Después de haber pasado un par de años viviendo la propuesta de Pastoral en mi Colegio, en medio de altibajos, me queda agradecer a la pastoral por ser parte de mi identidad y, a la vez, ayudarme a definir aspectos importantes que hoy me marcan como la persona que soy a puestas de mi grado

Mi relación con la Pastoral y la Espiritualidad Ignaciana se afianzó más fuerte con los curso talleres y campamentos misión. Sin embargo, no puedo decir que comenzó ahí, ya que hace un par de años antes venía participando de diversas maneras, no solamente en actividades propias de Pastoral, cómo los ECC -Encuentros Con Cristo- o FAS -Formación Acción Social- que vivimos desde preescolar, sino también en la cotidianidad de una clase por ejemplo cuando se usa el PPI -Paradigma Pedagógico Ignaciano- en una guía o cuando se tiene una toma de contacto o tal vez una pausa ignaciana todos los días. Creo que si no me hubiera enrollado más con esta propuesta difícilmente me hubiera llevado algunos rasgos que le son propios a la espiritualidad ignaciana antes de graduarme.

Esta propuesta se trata de un modo de proceder. Aquí la Pastoral me ha llenado de cualidades que son de extremada importancia para mí hoy; la autonomía, el respeto, la paciencia, la compasión, entre otras cosas que es difícil poner en palabras, pero que de alguna manera se ha vuelto algo muy inherente en mi manera propia de proceder.

Al momento de finalizar octavo grado, se me ofreció asistir al Curso Taller Bongá. En ese momento la única noción que tenía de un CT era por algunos compañeros que años antes habían asistido al Curso Tallero LIFOLI (ahora Mokaná). La Pastoral no era tan grande en ese momento como lo es actualmente, por lo que no conocía mucho de lo que hacían. Aun así, decidí aventurarme a vivir esa experiencia de Curso Taller y definitivamente creo que es uno de los mejores regalos que me ha dado la vida.

A lo anterior quiero sumar que me encanta la mística de los Curso Talleres, son experiencias hermosas y, que, gracias a Dios, logré seguir experimentando y conociendo años después como asesora en ellos, pues a eso me dediqué una vez salí de mi experiencia como cursante en Bongá. Después de todo, puedo confirmar ahora, tres años después, en el camino que he recorrido en conocer la espiritualidad ignaciana y la pastoral, logré apropiarme de la propuesta, pues hoy lo siento como algo que me define y es un factor esencial en mi vida.

Por otra parte, no quiero dejar pasar de largo un Campamento Misión. Considero las misiones como un momento perfecto para que en la medida en que se ayuda a la comunidad, también se está ayudando a uno mismo. Misión para mí son días donde verdaderamente salgo de mi confort, todas mis comodidades y ataduras de la vida cotidiana en el Colegio, mi casa y la ciudadm con el fin de entrar en sintonía con el otro, escucharlo y, asimismo, apoyarlo. Eso es algo que me ayuda y me hace caer en cuenta de las necesidades que yo también puedo estar teniendo.

Conviene subrayar que no se vive la Pastoral solo con asistir a este tipo de experiencias y, a pesar de no ser fácil, ya que requiere un gran compromiso, siendo ésto lo que más agradezco a la Pastoral sin olvidar lo fundamental: el discernimiento. Es así como en el recorrido de conocer la Espiritualidad Ignaciana logré encontrar esta valiosa herramienta: discernir, algo crucial en la toma de decisiones a la cual recurro hoy con frecuencia. Todo esto de la mano de acompañamientos, consejos y guías que las personas que han ayudado en Pastoral y que he conocido a través de estas experiencias.

Finalmente, no puedo pasar de largo sin mencionar el Magis, aquello de “ser más para servir mejor”. Magis es para mí, ser consciente de dónde estoy, qué estoy haciendo, cómo lo estoy haciendo y para qué. En ese sentido soy capaz de evaluarme y aprender de ello. No es tan sencillo, pues no todos tienen la capacidad de ser críticos al momento de evaluar su vida, pero gracias a toda esta experiencia en Pastoral he logrado salir de mi zona de confort y he aprendido a equivocarme, afrontar mis decisiones y mejorar. Como lo dije antes, son cualidades cuya presencia valoro mucho en mi vida.

En definitiva, me siento muy feliz de haber pasado por la Pastoral de mi Colegio, ayudando desde mi posición y capacidad, y que la Pastoral haya pasado por mí, estructurando mi modo, el cual siento que me está haciendo ser mejor persona y teniendo una mejor vida, mejores decisiones, siendo genuina y comprometida.

 

Written by 

Noticias relacionadas