EL MENSAJE DEL DOMINGO

IV Domingo de Cuaresma – Ciclo A

Por: Gabriel Jaime Pérez, S.J.

marzo 30Al pasar Jesús vio a un hombre que había nacido ciego. Sus discípulos le preguntaron: “Maestro, ¿por qué nació ciego este hombre? ¿Por el pecado de sus padres, o por su propio pecado?”Jesús les contestó:“Ni por su propio pecado ni por el de sus padres; fue para que en él se demuestre lo que Dios puede hacer”. Mientras es de día, tenemos que hacer el trabajo del que me envió; pues viene la noche, cuando nadie puede trabajar. Mientras estoy en este mundo, soy la luz del mundo”.

Después de haber dicho esto, Jesús escupió en el suelo, hizo con la saliva un poco de lodo y se lo untó al ciego en los ojos. Luego le dijo:“Ve a lavarte al estanque de Siloé (que significa: «Enviado»)”.El ciego fue y se lavó, y cuando regresó ya podía ver. Los vecinos y los que antes lo habían visto pedir limosna se preguntaban: “¿No es éste el que se sentaba a pedir limosna?”Unos decían:“Sí, es él.” Otros decían:“No, no es él, aunque se le parece.”Pero él mismo decía:“Sí, yo soy”.Entonces le preguntaron:“¿Y cómo es que ahora puedes ver?Él les contestó: “Ese hombre que se llama Jesús hizo lodo, me lo untó en los ojos, y me dijo: «Ve al estanque de Siloé, y lávate». Yo fui, y en cuanto me lavé, pude ver”.Entonces le preguntaron:¿Dónde está ese hombre?”Y él les dijo:“No lo sé”.  El día en que Jesús hizo el lodo y devolvió la vista al ciego era sábado. Por eso llevaron ante los fariseos al que había sido ciego, 15 y ellos le preguntaron cómo era que ya podía ver. Y él les contestó:“Me puso lodo en los ojos, me lavé, y ahora veo”.Algunos fariseos dijeron: “El que hizo esto no puede ser de Dios, porque no respeta el sábado”.Pero otros decían:¿Cómo puede hacer estas señales milagrosas, si es pecador?”De manera que hubo división entre ellos, y volvieron a preguntarle al que antes era ciego:“Puesto que te ha dado la vista, ¿qué dices de él?”Él contestó:“Yo digo que es un profeta”.Pero los judíos no quisieron creer que había sido ciego y que ahora podía ver, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron:“¿Es éste su hijo? ¿Declaran ustedes que nació ciego? ¿Cómo es que ahora puede ver?”  Sus padres contestaron:“Sabemos que éste es nuestro hijo, y que nació ciego;  pero no sabemos cómo es que ahora puede ver, ni tampoco sabemos quién le dio la vista. Pregúntenselo a él; ya es mayor de edad, y él mismo puede darles razón”.Sus padres dijeron esto por miedo, pues los judíos se habían puesto de acuerdo para expulsar de la sinagoga a cualquiera que reconociera que Jesús era el Mesías. Por eso dijeron sus padres: «Pregúntenselo a él, que ya es mayor de edad».Los judíos volvieron a llamar al que había sido ciego, y le dijeron:“Dinos la verdad delante de Dios. Nosotros sabemos que ese hombre es pecador”.Él les contestó “Si es pecador, no lo sé. Lo que sí sé es que yo era ciego y ahora veo”.Volvieron a preguntarle:“¿Qué te hizo? ¿Qué hizo para darte la vista”?Les contestó:“Ya se lo he dicho, pero no me hacen caso. ¿Por qué quieren que se lo repita? ¿Es que también ustedes quieren seguirlo?”Entonces lo insultaron, y le dijeron:“Tú serás discípulo de ese hombre; nosotros somos discípulos de Moisés. Y sabemos que Dios le habló a Moisés, pero de ése no sabemos ni siquiera de dónde ha salido”.El hombre les contestó:“¡Qué cosa tan rara! Ustedes no saben de dónde ha salido, y en cambio a mí me ha dado la vista. Bien sabemos que Dios no escucha a los pecadores; solamente escucha a los que lo adoran y hacen su voluntad. Nunca se ha oído decir de nadie que diera la vista a una persona que nació ciega. Si este hombre no viniera de Dios, no podría hacer nada”.Le dijeron entonces:“Tú, que naciste lleno de pecado, ¿quieres darnos lecciones a nosotros?”Y lo expulsaron de la sinagoga.  Jesús oyó decir que habían expulsado al ciego; y cuando se encontró con él, le preguntó:“¿Crees tú en el Hijo del hombre?”  Él le dijo:Señor, dime quién es, para que yo crea en él”.  Jesús le contestó:“Ya lo has visto: soy yo, con quien estás hablando”.Entonces el hombre se puso de rodillas delante de Jesús, y le dijo:“Creo, Señor”.Luego dijo Jesús: “Yo he venido a este mundo para hacer juicio, para que los ciegos vean y para que los que ven se vuelvan ciegos”.Algunos fariseos que estaban con él, al oír esto, le preguntaron:“¿Acaso nosotros también somos ciegos?”Jesús les contestó:“Si ustedes fueran ciegos, no tendrían culpa de sus pecados. Pero como dicen que ven, son culpables”. (Juan 9, 1-41).

1.- Dios se nos revela en Jesucristo, “luz del mundo” 

La luz es un referente bíblico frecuente. En el Antiguo Testamento, es lo primero que Dios crea; una columna de fuego ilumina de noche al pueblo caminante en el desierto; el salmo 23 dice: Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo; los profetas se refieren al Mesías prometido con la imagen de la luz; en los libros sapienciales la sabiduría es luz que vence las tinieblas de la ignorancia; y en el Nuevo Testamento, especialmente en el Evangelio de Juan, es un tema central.

Este Evangelio (Juan 9, 1-41)  relata la curación de un ciego de nacimiento durante la Fiesta de las Tiendas, que se celebraba anualmente en Jerusalén. Las carpas evocaban el camino por el desierto, y con antorchas se velaba cantando y danzando. Al iniciar aquella fiesta Jesús había proclamado: Yo soy la luz del mundo; quien me siga no caminará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida (Juan 8, 12). Ahora, inmediatamente antes de curar al ciego, les dice a sus discípulos: Yo soy la luz del mundo.

2.- Jesús nos ilumina para que reconozcamos su acción salvadora

En el relato de la elección de David como rey de Israel (primera lectura: 1 Samuel 16, 1-13) se dice: Dios no ve como los hombres, que ven la apariencia; el Señor mira el corazón. Esta es también la forma de ver de quienes reconocen su acción salvadora, en los otros y en sí mismos.

Al responder a sus discípulos sobre el origen de la invidencia del ciego, Jesús supera una mentalidad según la cual los hijos heredaban los pecados de sus padres. Contra esta creencia, indica que cada cual es responsable de su conducta y que, si reconoce su necesidad de salvación, puede experimentar el poder transformador de Dios. Los fariseos aparentaban ser buenos por cumplir el precepto de descansar el sábado, pero al hacerlo ignoraban al necesitado. Por eso desconocieron la acción de Jesús en favor del ciego, como también su propia necesidad de ser sanados. Su soberbia los hacía invidentes en el sentido espiritual.

3.- Jesús  nos invita a vivir el Bautismo como sacramento de la iluminación  

Pablo les recuerda a los cristianos de Éfeso (Efesios 5, 8-14), lo que eran antes y cómo  debe ser su conducta después de haber recibido el Bautismo, llamado también “sacramento de la iluminación”: ustedes eran tinieblas y ahora son luz en el Señor; caminen como hijos de la luz, cuyos frutos son la bondad, la rectitud y la verdad.

En esta Cuaresma vivamos el sentido del Bautismo. Es un llamamiento de Dios, Padre nuestro, a vivir como sus hijos, iluminados por Jesús y haciendo efectivos los frutos del Espíritu Santo, entre los cuales Pablo destaca los tres anteriormente mencionados: bondad, contra la ceguera de quienes no reconocen las necesidades de los demás; rectitud, contra las intenciones torcidas y oscuras de quienes anteponen sus intereses al bien común; verdad, contra la hipocresía de quienes viven de la apariencia desconociendo su propia realidad.-

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