EL MENSAJE DEL DOMINGO

La Presentación del Señor

Gabriel Jaime Pérez, S.J.                                                                Febrero 2 de 2014

           

mensaje del domingoCuando se cumplieron los días en que ellos debían purificarse según la ley de Moisés, llevaron al niño a Jerusalén para presentárselo al Señor. Lo hicieron así porque en la ley del Señor está escrito: «Todo primer hijo varón será consagrado al Señor.» Fueron, pues, a ofrecer en sacrificio lo que manda la ley del Señor: un par de tórtolas o dos pichones de paloma. En aquel tiempo vivía en Jerusalén un hombre que se llamaba Simeón. Era un hombre justo y piadoso, que esperaba la restauración de Israel. El Espíritu Santo estaba con Simeón, y le había hecho saber que no moriría sin ver antes al Mesías, a quien el Señor enviaría. Guiado por el Espíritu Santo, Simeón fue al templo; y cuando los padres del niño Jesús lo llevaron también a él, para cumplir con lo que la ley ordenaba, Simeón lo tomó en brazos y alabó a Dios, diciendo:

 

«Ahora, Señor, tu promesa está cumplida y puedes dejar que tu siervo muera en paz. Porque ya he visto la salvación que has comenzado a realizar a la vista de todos los pueblos, la luz que alumbrará a las naciones y que será la gloria de tu pueblo Israel.» El padre y la madre de Jesús se quedaron admirados al oír lo que Simeón decía del niño. Entonces Simeón les dio su bendición, y dijo a María, la madre de Jesús: —Mira, este niño está destinado a hacer que muchos en Israel caigan o se levanten. Él será una señal que muchos rechazarán, para que las intenciones de muchos corazones queden al descubierto. Pero todo esto va a ser para ti como una espada que atraviese tu propia alma. También estaba allí una profetisa llamada Ana, hija de Penuel, de la tribu de Aser. Era ya muy anciana. Se casó siendo muy joven, y había vivido con su marido siete años; hacía ya ochenta y cuatro años que se había quedado viuda. Nunca salía del templo, sino que servía día y noche al Señor, con ayunos y oraciones. Ana se presentó en aquel mismo momento, y comenzó a dar gracias a Dios y a hablar del niño Jesús a todos los que esperaban la liberación de Jerusalén. Después de haber cumplido con todo lo que manda la ley del Señor, volvieron a Galilea, a su propio pueblo de Nazaret. Y el niño crecía y se hacía más fuerte, estaba lleno de sabiduría y gozaba del favor de Dios. (Lucas 2, 22-40).

Coincide este domingo con la fecha en que la Iglesia conmemora la Presentación del Niño Jesús en el Templo de Jerusalén, 40 días después de la celebración de su Nacimiento. Es una fiesta en la que a la vez se adora a Jesús presentado por María y José para ser consagrado a Dios Padre, y se venera a María como “Nuestra Señora de la Candelaria”, en referencia a la procesión que se suele hacer en las misas solemnes con cirios encendidos para evocar la profecía del anciano Simeón en el Evangelio, quien en su oración a Dios se refiere a Jesús como “la luz que alumbrará a las naciones”. Propongo que centremos nuestra reflexión en tres frases del texto del Evangelio según san Lucas, escogido para esta conmemoración.

 1.     Un par de tórtolas o dos pichones de paloma

Este detalle del relato evangélico es especialmente significativo. La tórtola es una variedad pequeña de paloma muy común en los territorios de Israel y Palestina. Las Escrituras dicen que provenían del sur, y que su presencia era un anticipo de la primavera (Cantares 2:11, 12; Jeremías 8:7), y se encontraban entre los animales que ofreció Abrahán cuando entró en relación de alianza con Dios (Génesis 15:9). En la Torá o Ley del Señor se establece que si la persona es muy pobre y por ello no puede ofrecer en sacrificio un cordero, debe presentar “dos tórtolas” (Levítico 5:7; 14:22).

Así, pues, la ofrenda de José y María al presentar en el Templo al Niño Jesús es la propia de los que no pueden ofrecer el cordero por ser mucho más costoso. Una muestra más de la opción de Dios hecho hombre en la persona de Jesús: la opción preferencial por los pobres. Aquél que había sido concebido en la humilde aldea de Nazaret y nacido en una pesebrera de Belén, ahora es presentado con la ofrenda de quienes apenas tienen lo suficiente para comprar lo mínimo prescrito.

 2.     Él será una señal que muchos rechazarán, para que las intenciones de muchos corazones queden al descubierto.

 

En otras traducciones del texto griego del Evangelio de Lucas se emplean los términos “signo de contradicción” o “bandera discutida”. Lo que esto significa es que Jesús les iba a resultar incómodo a muchos porque tanto sus palabras como sus acciones, con las cuales iba a manifestar su solidaridad con los pobres y oprimidos, irían en contra de quienes los explotaban o  despreciaban.

Para que las intenciones de muchos corazones queden al descubierto”. En el fondo, se trata de un mensaje contra la hipocresía. Jesús iba a ser rechazado por quienes aparentaban ser justos y santos, cumplidores exactos de las leyes, pero en realidad buscaban sus propios intereses pisoteando la dignidad de las gentes marginadas por una sociedad discriminadora y excluyente, de la cual ellos formaban parte. Ellos fueron los que al fin de cuentas determinaron que Jesús fuera eliminado.

Algo similar está pasando actualmente en la Iglesia. El Papa Francisco, quiere seguir de verdad a Jesús -como también lo han querido sus antecesores en el siglo pasado y el presente-, y esto lo está llevando a tener que afrontar la oposición oscura de intenciones inmorales y corruptas que anidan como cuervos en El Vaticano en otros círculos clericales bajo la apariencia de sotanas negras, bandas moradas y cuellos blancos. Que Dios lo proteja en esta tarea de destapar las ollas podridas y lograr una Iglesia acorde con el ejemplo de Cristo.

 3.     Crecía, se hacía más fuerte, estaba lleno de sabiduría y gozaba del favor de Dios

 

Con esta frase termina el Evangelio de Lucas el relato de la Presentación del Niño Jesús en el Templo. Otra frase similar será la conclusión del de su pérdida y hallazgo, también en el Templo de Jerusalén  al cumplir los doce años: “Y Jesús seguía creciendo en sabiduría y estatura, y gozaba del favor de Dios y de los hombres” (Lucas 2, 52).

Ambas frases constituyen un resumen de lo que fue lo que se suele llamar la “vida oculta” de Jesús: 30 años de preparación de lo que serían sus 3 de “vida pública”, empapándose en su naturaleza humana de la cultura de su pueblo, no en el lujo de los palacios sino en el ambiente humilde y sencillo dentro del cual la solidaridad con los rechazados y excluidos lo llevaría a exclamar “Dichosos ustedes los pobres, porque de  ustedes ellos es el reino de Dios” (Lucas 6:20-31).-

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